Ascensión a la Brecha de Rolando y Taillón

Descargar GPS o ver en Google Earth en http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=531049. 10 de noviembre de 2007. 3.144 m.

Seguimos con nuestra preparación para el Kili. Salimos de Zaragoza de madrugada, para llegar al amanecer a San Nicolás de Bujaruelo (1.340 m), de donde comenzamos la ascensión, atravesando el puente de los navarros sobre el río Ara. Se trata de una dura caminata hacia el Puerto de Bujaruelo, que se hace muy complicada por el fuerte viento en contra que encontramos. Es noviembre, hace frío, y el viento lo empeora mucho. Tras unas 2 horas llegamos al collado (2.270 m), que es la frontera con Francia, y que desde el lado francés se alcanza en coche, aunque el aparcamiento está casi desierto por la época del año en la que estamos. Una vez allí, debemos continuar hacia la derecha, bordeando la cara norte del macizo del Taillón, cuya cima está sobre nosotros, aunque inalcanzable para nuestra vista.

Por fin alcanzamos un paso, remontando con crampones una preciosa cascada helada, para llegar al refugio de Sarradets (2.590 m).

Sin parar a descansar, atacamos la empinada ladera de nieve que nos lleva a la fantástica Brecha de Rolando, posiblemente el paraje más bonito y sorprendente del Pirineo. En la Brecha (2.800m) nos intentamos proteger del viento para comer algo, mientras admiramos la fantástica vista: el circo de Gavarnie a nuestra espalda, la Faja de Pelay de Ordesa y el circo de Cotatuero al frente, el macizo de las Tres Serols a la izquierda,…, y a nuestra derecha, todavía oculto, el Taillón.

De nuevo por la vertiente meridional podemos descalzarnos los crampones para bordear con mucho cuidado el macizo de Bazillac, y sobre todo asegurar mucho los pasos en la cornisa del Dedo, por el viento que nos azota. Una vez sobrepasado éste, atacamos impetuosamente la amplia cornisa final del Taillón, que nos resulta más dura de lo esperado. Cuando coronamos, admiramos la espectacular vista que este magnífico día nos regala, encabezada por la provocadora imagen del Midi d’Osseau, como siempre.

El regreso es por la misma ruta que hemos seguido, aunque desde aquí hay cantidad de lugares que merece la pena conocer. Otra vez será: volveremos.

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