Frutales – el origen

El asunto de los frutales tiene su origen en dos individuos: por un lado, Roberto, con su interés por los árboles. Por otro, María José, que a toda costa quiere ver en el campo una morera como la que recuerda de sus tiempos jóvenes, con gruesos frutos extremadamente dulces (y manchones) colgando de sus ramas. Así que me pongo manos a la obra, y le consigo la morera, que procedemos a plantar en marzo, antes de irnos de viaje por Japón.


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Y como yo para poca cosa soy perezoso en ponerme, pues me lío la manta a la cabeza, y el negocio acaba (espero) en que plantamos, además de la morera, una higuera negra, cuatro manzanos (dos Reineta y dos Fuji), dos perales (San Juan y Blanquilla), dos ciruelos (Claudias Tolosa y Verde), dos platerinas (carne blanca y roja), dos melocotoneros (Catherine y Miraflores), dos albaricoqueros (Bulida y Moniquí), un níspero argelino, un limonero, dos granados (Mollar y Negral), un avellano, un nogal, cuatro cerezos (Napoleón, Lapins, Sunburst y guindo), cuatro nectarinas (Siver of Rome, Big Top, August Red y September Red), y dos almendros (Belona y Soleta).

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A este desmadre, hay que añadir varios más que Marino tuvo a bien poner dispersos por el campo, concretamente el cerezo de la fotografía inferior, que da unas cerezas magníficas, una higuera blanca, dos membrilleros, y varias cepas de uva blanca y negra. Aparte de un riego les he hecho poco caso hasta la fecha; en febrero del 2014 les doy de comer con un saco de 25 kilos de Blaukorn Classic, y veremos cómo seguimos.

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Un comentario en “Frutales – el origen

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    el 2014/02/25 a las 10:05 pm
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    Unos árboles preciosos y ¡vaya plantación!. Suerte para la cosecha, espero probar de todo. Dentro de poco, con el huerto, ya no necesitaremos más. Besos

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